16 Concurso Internacional Juan Downey

Imágenes imprecisas
Del 19 al 22 de octubre
Cineteca Nacional de Chile – Palacio Pereira – Cine CCC

El mapa del presente y su contexto histórico, político y social nos devuelve coordenadas para descifrarlo, condicionadas por turbulencias propias de los actuales ciclos de transformación, y nos interpela a tener una actitud despierta, activa y empoderada para enfrentar las estrategias de dominación ejercidas desde el uso malicioso de campañas de comunicación que apelan al miedo, la desconfianza y la división de las comunidades. 

Tratar de dar con una imagen precisa del ahora encuentra en las prácticas artísticas un punto de referencia inesperado. Como decía Fredric Jameson: “La comprensión del presente desde adentro es la tarea más problemática que puede enfrentar la mente”, donde la mirada racional, deprimida en su inhumana interacción con la tecnocracia, necesita de la intuición y el riesgo de la improvisación para completar la condición de cambio. En consecuencia, comprende que la imagen que se nos devuelve, siempre es residual, una especie de rastro que queda al tratar de acercarse, y fracasa al no estructurar su estrategia de enfoque, integrando la peligrosa irracionalidad de la visión indisciplinada. Resistir esta condición sin miedo, se convierte en uno de los hitos de esta era. 

A 29 años de la primera edición del Concurso Internacional Juan Downey -encuentro que ha congregado obras estructuradas desde la indisciplina, el riesgo y la fuerza de la experimentación-, el certamen se desprende de la Bienal de Artes Mediales y comienza un ritmo anual, desde donde se hace cargo de la velocidad de los cambios que reflejan estas problemáticas. En esta versión, el estallido social y la pandemia condicionan el reflejo de esta realidad, convocando especulaciones en torno a un nuevo régimen de la imagen, una forma de relacionarnos que ya no sería la misma después del levantamiento y el encierro. 

En realidad, el paisaje mediático ha cambiado de una forma menos evidente, ya que se esconde en gestos cotidianos entre los matices de la ficción convertida en realidad, dando paso a otras formas de ejercer el poder sin el derramamiento de sangre característico del siglo 20. La sociedad pandémica sugiere una radicalización de la imagen homogénea e higiénica, multiplicada a través de plataformas y multisalas, que configuran un nuevo orden para el adoctrinamiento social teledirigido, donde el enfrentamiento ocurre asimétricamente entre algoritmo y persona, intentando alejar nuestra atención del “régimen climático”, anunciado por Bruno Latour.

Por esta razón, la búsqueda de imágenes sigue el espíritu de exploradores audiovisuales como Juan Downey, Raul Ruiz, Valeria Sarmiento, Gloria Camiruaga, Carlos Flores y Lotty Rosenfeld. Artistas que se enfrentaron desde la imagen en movimiento a la dictadura, entregándonos las claves para detectar las estrategias de la industria audiovisual y digital, subyugada a la imposición del miedo y la consecuente manipulación.

Conscientes de que grupos de poder usan maliciosamente narrativas donde la imagen ejerce un dominio sobre la sociedad, nos conectamos con las antiguas estrategias para hacer frente a esta condición, como un puente o refugio intergeneracional en que la obra de arte se sostiene en su rol social, se mantiene libre, indomada y sensata de su potencia para develar la primigenia lucha contra el abuso de poder. 

Es difícil creer, como lo intentó alguna vez Siegfried Kracauer, que definir la mentalidad de una nación o época a través de un puñado de obras es una estrategia viable. Sin embargo, también comprendemos que no ejercer acciones que revelen esta condición nos convierte en cómplices. Las obras seleccionadas no necesariamente tienen que estar reconciliadas entre ellas para dar un panorama claro, más bien funcionan de manera caleidoscópica en un viaje de ida y vuelta, constituyendo un encuadre editorial despojado de subjetividad, que comprenden el caos producido por la aceleración y multiplicación exponencial de lo que reside en internet, y denuncia esta condición, llamando a la organización colectiva.

Algunos trabajos de la selección efectivamente tratan de proponer lecturas propias ante la confusión pandémica, así como otros de la competencia nacional fueron reacciones ante el proceso de intensificación, degradación y reconquista de la democracia en Chile. Otras obras son simples paseos en bicicleta, maratones de la serie “Friends”, deambulares por espacios hiperdigitales y atentados contra pantallas LCD. Algunas películas nos invitan a tomar consciencia y están pensadas como interrogantes a nuestra interacción cotidiana con otro tipo de pantallas. Otras –en la sección de Narrativas expandidas- directamente nos permiten navegar desde nuestra propia intuición, manipular las escenas y hasta bailar guaracha en medio de una rave utópica.

El único elemento que une a todas las obras de la muestra es el intento por crear nuevos códigos o, como diría Downey, por “descerrajar códigos”. Para él, las nuevas formas de la imagen no son “creaciones” en sí mismas, ya que “se crean nuevos códigos en cada persona que los ve”. Así, cada participante del festival colabora en la creación de estos códigos, los discute y los modifica en el camino. Les damos la bienvenida a esta colaboración.

Selección oficial 16 edición

Ganadores históricos